Pero ¿y si el amor no tuviera dueño, fuera como la música, que no es para nadie? ¿Y si el amor fuera como el viento o la lluvia? ¿Os imagináis a alguien que tuviera el poder de hacer llover en una habitación? Pues eso hacen los seres que amamos. Y sin embargo esa lluvia no les pertenece. Llega con ellos pero no son sus dueños. Tal vez deberÃamos aceptar asà el amor, como algo que viene y se va a su capricho, como la lluvia.