Cuando miro hacia atrás, recuerdo que Los crímenes de Oxford la concebí inicialmente como una novela por entregas, que se publicaría en un portal para estudiantes de los colegios secundarios. Ese primer proyecto se desvaneció y yo seguí pensando y escribiendo muy lentamente esta novela durante dos años más, hasta terminarla. Me parece increíble ahora el camino recorrido, y que empiece a vivir esa otra vida que es el cine, ya fuera de la envoltura de las palabras.
En el centro de nuestras vidas hubo un verano. Un poeta que no escribió ningún verso, una piscina desde cuyo trampolín saltaba un enano con ojos de terciopelo y un hombre al que una noche se llevaron las nubes. Los días cayeron sobre nosotros como árboles cansados.