Prohibir la lectura

Prohibir la lectura
14 DIC 2007
 Ayer entré en Google y me puse a buscar personajes vivos relacionados con los mundos de la literatura y el deporte. He aquà unos ejemplos (nombre y número de resultados): Ana MarÃa Matute: 358.000; Ronaldinho: 33.500.000; Antonio Gala: 501.000; Raúl González: 1.540.000; Almudena Grandes: 424.000; Messi: 32.600.000; Miguel Delibes: 591.000; Fernando Alonso: 2.860.000. Después del último informe PISA en relación con la lectura, bien podrÃa el Ministerio de Cultura hacer una campaña publicitaria a través de los medios de comunicación en la cual salieran las figuras más representativas de los distintos deportes animando a leer al personal.
ENRIQUE CHICOTE SERNA, ARGANDA DEL REY (MADRID)
Buenas ganas de perder el tiempo, don Enrique. Es decir: que los deportistas son más famosos que los escritores. Pues, para semejante viaje, no hacÃan falta tales alforjas, ¿no le parece? Sin embargo, esa fama de los deportistas, ¿ha conseguido acaso extender la afición a la práctica del deporte? Al menos en mi barrio, los fanáticos del fútbol son unos tipos con barrigas descomunales, que contemplan el partido trasegando cubatas y fumando puros, y cuya única práctica atlética conocida suele ser el levantamiento de vidrio en barra fija. Si la fama de los deportistas ni siquiera ha conseguido promover la práctica del deporte, ¿por qué iba a lograrlo con la lectura? La publicidad sólo sirve para vender cosas: balones, uniformes del equipo y relojes conmemorativos. O esas bicis de montaña que, tras dos dÃas de uso, reemplazan a la bombona de butano en casi todos los balcones, al lado de la maceta de geranios.
Tampoco sé si hay que “animar al personal a la lecturaâ€, como no hay por qué animarle al jamón ibérico, a dormir la siesta o al coito recreativo. Lo único preocupante es que lean mal y eso es precisamente lo que señala el famoso informe: una gran parte de los escolares no entiende lo que lee. Un libro no es como un supositorio, que lo lees y te hace efecto sin poner nada de tu parte. Un libro necesita un lector, no un consumidor. Y un lector no se consigue sin educación, cultura, sentido crÃtico, atención, etc. Crear lectores es caro y no produce beneficios. Es más rentable crear consumidores. Es mejor formar clientes que ciudadanos. Asà nos va.
Para fomentar la lectura lo ideal serÃa prohibirla, desterrarla de los planes de estudio o, por lo menos, perseguirla todo lo posible. Hay que disuadir a los escolares, recomendarles que no lean, advertirles de los peligros de los libros. Quizá asà los chavales se pondrÃan a leer como se hacen pajas: por iniciativa propia y sin poder evitarlo, con imaginación y ganas, a escondidas de sus padres y maestros, ensimismados y felices, un dÃa sà y otro también.
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Un artÃculo descarado del descarado escritor Rafael Reig en la sección "Cartas con respuesta" del diario Público. Lo escribió hace casi un año, pero yo acabo de descubrirlo y me recordó a José Antonio Marina, nuestro querido padrino, que el fue el primero al que escuché lo de que la mejor manera de fomentar la lectura entre los jóvenes es prohibirla. Porque desde luego obligar a leer no funciona. Eso lo tenemos todos claro. Esto de que "leer es bueno" a veces me resulta tan absurdo como si escuchara que "leer es malo". Dice la microcuentista argentina Ana MarÃa Shua: "Para ellos, para los adultos, la lectura es una obligación moral con la que siempre están en deuda, un trabajo más con el que nunca terminan de cumplir. Y eso es lo que le transmiten a los chicos.HAY QUE leer, como es HAY QUE pararse derecho, masticar la comida treinta veces, lavarse los dientes. Porque es bueno para la salud, aunque sea un poco aburrido. El resultado, a la vista". Ahà queda eso.












