La Era de Los Lectores. Mandarache/Hache 2010

Premio Mandarache

Tú lees, tú decides

"Mis ideales tienen que ver con los del perro"

El creador de Alatriste, que el martes conversará en Cartagena con mil jóvenes lectores, defiende la importancia de la lealtad y de ser consecuentes


«No se me escapa ni una migaja de la vida», dice Arturo Pérez-Reverte -(Cartagena, 1951)- tras llevar mucho tiempo convirtiendo en oro todo lo que toca, perdido con sus experiencias a cuestas entre el viento, el mar y las almas ahora sí que totalmente libres de los que ya no están. A Pérez-Reverte, Kavafis lo tendría por su alumno más aplicado y valiente, porque apenas se tenía en pie emprendió un viaje a Ítaca del que nunca ha regresado, llenando el mar y el mundo de jirones de inocencia, del sabor picante de su chulería a cuestas y de un envidiable arrojo. El martes, el escritor protagonizará en Cartagena el encuentroMil jóvenes con Arturo Pérez-Reverte, con el que se inaugura la V edición de los aplaudidos Premios Mandarache.
-El martes se las verá en Cartagena con mil jóvenes lectores. ¿Cómo se prepara para ello?
-Con sentido común. Ellos lo tienen más que los adultos, con los que sí que resulta difícil hablar. Con los jóvenes es más fácil razonar que con los mayores, porque están mucho más abiertos a cualquier idea y a lo nuevo.
-Y porque todavía no han tenido tiempo de convertirse en cerriles, a menudo defensores a ultranza de estupideces, ¿no?
-Exactamente. Carecen todavía de los prejuicios en los que sus padres y sus mayores se han enrocado. Del encuentro con los jóvenes me interesan mucho sus preguntas, que espero expectante. Lo cierto es que últimamente ya casi sólo me reúno con jóvenes.
-¿Decepcionado de los adultos, agotado por completo?
-Por completo no. Siempre hay justos en Sodoma, y también en Gomorra, a la que muchas veces dejamos de lado. El adulto es como una mujer con pasado, puede tener misterio pero no te va a sorprender, mientras que un joven es alguien con una falta de recorrido que es la que hace que sus reacciones, sus impulsos y sus razonamientos sean absolutamente espectaculares, brillantes y nuevos porque no están ya trillados por lo común; son más originales los jóvenes que los adultos.
-¿Por qué hay tantos adultos empeñados en criticar siempre y por sistema a los jóvenes?
-Creemos que al no poner el pie sobre nuestra misma huella se están desviando del camino, y no nos damos cuenta, por ejemplo, de que hoy día la televisión y el ordenador pueden ser herramientas de cultura y de conocimiento tanto o más importantes que las utilizadas por nosotros en su momento. Utilizan unos cauces distintos a los nuestros y eso nos asusta, nos asombra y nos preocupa. Sin embargo, la realidad es que ellos quizás nacen ya mucho más preparados para moverse en un territorio hostil, que aún empeorará mucho más en el futuro, de lo que nosotros lo estuvimos.
Salvadores
-¿Hay algo que no quiere que se le olvide decirles el martes?
-No, no, no. Lo que a mí me mueve a ir a Cartagena es que espero con interés lo que ellos me puedan hacer ver a mí con sus preguntas y opiniones. Yo le tengo mucho miedo siempre a las referencias y a los símbolos. Estoy harto de ver a tantos salvadores de patrias, de almas, a salvadores de todo. Me da mucho miedo que me confundan. Yo me limito a opinar, no soy un tipo que aporte soluciones, porque entre otras cosas no las tengo. Me limito a decir ahí veo esto, a aplicar la lucidez que pueda tener, mi memoria, mi cultura, lo que tenga, a la realidad que me rodea para poder describirla. Me da mucho miedo que los chicos esperen de mí soluciones. No llevo mensaje alguno.
-¿Cuál es hoy su reino?
-El único reino posible para un adulto consciente es la lucidez. En un mundo caótico, confuso y lleno de líneas difusas donde nada está claro, el único tesoro que uno puede aportar es la lucidez. Si yo fuera joven, lo que esperaría de mis mayores es que fueran lúcidos.
-Lo cual conduce también al dolor.
-Claro, pero en la vida hay que elegir entre ser estúpido e indolente como un buey, o lúcido y consciente como un ser humano; no sólo sufres con la lucidez, también se puede ser feliz en muchos momentos.
-¿Qué le debe a los libros?
-Me enseñaron a interpretar la vida. Los libros han sido mi piedra de Rosetta. Cuando llegué a Beirut o a Sarajevo, o llegué a una mujer o a un amigo, los libros me enseñaron a decir esto es Troyaesto es Helenaesto es Aquiles... Sin ellos, habría pasado sin darme cuenta por delante de las Troyas y de las Helenas...
-Mal asunto padecer esa ceguera.
-Triste asunto. Mucha pena me dan los que malgastan su vida sin enterarse de nada.
-¿Los libros salvan?
-Los libros no salvan, pero te ayudan a salvarte. Son una ayuda, un analgésico, una sabía medicina. Cuando a Alatriste, que lleva consigo en un combate naval un libro de Quevedo, le preguntan qué para qué sirve un libro en una galera, él dice: Para soportar días como estos.
-¿Cuándo descubrió que el mundo no era demasiado soportable sin la imaginación?
-No hubo un momento concreto. Es como el que se va adentrando sin darse cuenta en territorio indio y hasta que que no le clavan una flecha no se entera. A mayor lucidez, antes lo tienes claro. Afortunadamente, para salvarme por dentro yo me di cuenta a tiempo. Ayuda muchísimo a caminar, pero también es un problema porque llegan los miedos. Sufre más, en vísperas de la ejecución o de la tortura, el imaginativo que el estúpido.
-¿Qué personajes le siguen interesando hoy?
-Realmente, a mí ya sólo me interesa el héroe, el héroe posible, el héroe que lo es llegado el momento. Uno no puede nunca descartar a los demás, porque nunca sabe uno dónde está el héroe escondido. Miro a los seres humanos con curiosidad porque incluso aquellos de los que no espero nada sé que pueden un día darme una sorpresa; los he visto darlas. Busco al héroe, sí. Me he llevado muchas sorpresas con eso en la vida, así es que los miro a todos por si acaso.
-Atento a los movimientos de los malvados.
-También. Como entre héroe y malvado la frontera es muy difusa a veces, también me protejo de todos, porque cualquiera de ellos puede ser también un malvado. La lucidez hace que te mantengas vivo en territorio enemigo.
-¿Se acrecienta su pesimismo cuando mira hacia el futuro?
-Soy muy pesimista sobre el futuro, sí, pero es que estoy bien informado. Si se tienen una cultura mediana y una lucidez mínima hay que ser pesimista sobre el futuro, lo que no quiere decir que tengamos que suicidarnos. Sabido lo que nos espera, hay que saber también que existen mecanismos defensivos y consolatorios, y ése es mi territorio, ahí trabajo yo. Trabajo en procurarme a mí mismo, y a aquellos que me rodean y que me leen, los mecanismos que creo que pueden servir para llevar a cabo una humilde tarea de supervivencia.
-¿Qué es lo que más le inquieta de cuanto observa en la sociedad actual?
-La estupidez, no tengo la menor duda. El peor mal no es la maldad. Cuando era joven creía que lo peor del mundo eran los malos, pero ahora sé que no: lo peor del mundo son los estúpidos; y eso, realmente, no tiene solución. Un malo puede cambiar o se puede negociar con él, pero un estúpido lo será siempre, no cambia jamás. Cuando un golpe de la vida se lleva por delante a un estúpido, no parpadeo demasiado. El peor daño a la Humanidad se lo hacen los estúpidos.
Gente respetable
-¿Por qué ideales merece la pena seguir luchando?
-Por cualquier ideal en el que creas, aunque sea equivocado. La palabra lucha es la que justifica al ser humano. Yo puedo llegar a respetar más moralmente a un marginal, que a alguien que esté dentro de los cauces legales o moralmente aceptados, siempre y cuando haya una decencia por parte del que actúa en sus motivos y su comportamiento. Es el ser consecuentes lo que hace que la gente sea respetable o no. Un perro que defiende a su amo es un perro consecuente con su naturaleza, y eso es lo que lo hace admirable.
-¿Y cuáles son los ideales de los que usted no quiere alejarse?
-Bueno, mis ideales tienen que ver con los del perro: lealtad, consecuencia... Y no estoy hablando de virtudes que yo tenga, sino de virtudes que yo admiro. Uno puede perfectamente, sin tener ninguna virtud, ser un ser consecuente y admirable porque intenta tenerlas. Admiro el valor de asumir aquello en lo que crees, o de apartarte de aquello en lo que no crees. El perro me parece de una humanidad absolutamente respetable.
-¿Es hoy el escritor que quiso ser?
-Yo jamás quise ser escritor. El Arturo Pérez-Reverte escritor es la consecuencia de una vida; no lo tenía previsto.
-¿Orgulloso de su obra?
-Orgulloso no es la palabra, no, no, no. Solamente los imbéciles pueden decir que están orgullosos de su obra. Lo que no hago es renegar de ella, porque forma parte de mi vida y la asumo. Miro hacia atrás y hay novelas que escribiría de nuevo, personajes que haría mejor, errores que no cometería...Yo no escribo novelas porque me guste inventarme historias o porque tenga vocación de escritor; escribo historias porque con ellas ordeno mi vida y utilizo la mirada que la vida me ha dejado para contar el mundo que me rodea, el mundo en el que me muevo. Estoy, realmente, escribiendo sobre mi vida, y en ese sentido todas mis novelas son autobiográficas sin que ninguna sea una biografía, por supuesto.
-¿Qué le dejaron para siempre sus años de reportero de guerra?
-Un álbum de fotos no siempre agradables y, también, fantasmas. Le debo a las guerras buena parte de mi forma de ver el mundo, y todavía hay noches en las que me despierto en Beirut o en Sarajevo, como hay putas que se despiertan soñando que están en la calle aunque ya se hayan retirado; eso es la vida.
-¿Qué les dirá a los chicos que le pregunten su opinión sobre los políticos españoles?
-¡Qué pereza me dan! Una cosa debe quedar clara: el político sale de nosotros, no es un marciano; son como nosotros, son de los nuestros, de nuestras familias. Nosotros somos tan culpables como todos ellos de lo que está ocurriendo. Los políticos son parásitos de nuestra basura, de la que todos nosotros generamos.
-¿Por qué hemos dado lugar a una sociedad tan apática?
-Ser borrego tiene muchas ventajas: vas en el rebaño, te dan de comer, te esquilan. El lobo tiene que buscarse la vida: va solo y se la juega cada vez que sale a cazar. Es mucho más confortable ser borrego. Ahora bien, al final al borrego le llega su hora y lo ejecutan.

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