Alberto Manguel y la rebeldía de leer
El escritor y ensayista Alberto Manguel , autor de ’Una historia de la lectura’, ha inaugurado la ronda de encuentros con el autor del premio literario Mandarache, primero con jóvenes lectores de Educación Secundaria, en el paraninfo de la UPCT, y por la tarde con universitarios y público en general en la Fundación Cajamurcia, de Cartagena.
Manguel es el primero de los cuatro autores que visitarán Cartagena dentro del marco literario del Premio Mandarache. En diciembre, será el turno de Óscar Esquivias, finalista con su libro ‘Inquietud en el paraíso’; en enero, Mayra Montero presentará su libro ‘Son de Almendra’; y Gustavo Martín Garzo cerrará el programa de encuentros en el mes de marzo con ‘Mi querida Eva’.
Alberto Manguel ha definido el Premio Mandarache como “una de las iniciativas más inteligentes y generosas que he visto en mucho tiempo. Me gusta la idea de que los gobiernos locales estén involucrados en la creación de una ciudadanía inteligente. Deben tener mucha confianza en sí mismos y en lo que hacen para arriesgarse con una ciudadanía de este tipo”.
Manguel, que nació en Argentina, se crió en Israel y vive en Francia con nacionalidad canadiense, ha animado a los jóvenes lectores de los institutos de Cartagena a continuar por ese camino, “a ser valientes y a atreverse a ser lectores, una de las actividades más subversivas que existen hoy en día”.
El ensayista ha explicado, al respecto de su obra ‘Una historia de la lectura’, que cada uno “puede tener una versión de esta historia diferente, pero todos pasamos por los mismos estados: el primer libro, el primer recuerdo, la pasión por el coleccionismo de libros, la censura… Todos estos ingredientes forman parte de esta historia”. Manguel ha añadido que los gustos literarios son muy personales, dependientes de las circunstancias y del momento concreto. “Hay un libro que nos espera, que ha sido escrito para nosotros”, ha indicado a los jóvenes.
El Premio Mandarache es un premio literario otorgado por jóvenes de Cartagena de entre 15 y 30 años organizados en comités de lectura. A falta de un mes para que finalice el período de inscripción, ya se han superado las cifras de años anteriores, con 285 comités de lectura y más de 1.700 jóvenes lectores que participarán como jurado literario.
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No dejes de ver la prensa local:
Alberto Manguel en La Verdad
Alberto Manguel en El Faro
En La Opinión digital no lo vimos, pero envíanos cualquier otro enlace con noticias que se hayan hecho eco de esto.













La rebeldía de leer
Inserto aquí algunos fragmentos del libro de Alberto Manguel Una historia de la lectura en los que se recogen algunos episodios históricos en los que las dictaduras han ejercido el control de los libros a través de la censura y, por lo tanto, la lectura se ha convertido en un acto de rebeldía.
Los números entre paréntesis corresponden a las páginas de la edición de bolsillo de Alianza Editorial.
En 1966, el gobierno militar del general Onganía tomó el poder. [...] Sospechosos de ser comunistas y obscenos, ciertos títulos y ciertos autores se incorporaron a la lista del censor, y los registros cada vez más frecuentes de la policía en cafés, bares y estaciones de ferrocarril, o simplemente en la calle, hicieron que fuese tan importante no ser visto con un libro sospechoso en la mano como llevar un documento de identificación en regla. (41)
Borges me dijo en una ocasión que, durante una de las manifestaciones populistas organizadas en 1950 por el gobierno de Perón contra los intelectuales opuestos al régimen, los manifestantes repetían: "Alpargatas sí, libros no". [...] La realidad parecía entrar irremediablemente en conflicto con el mundo de ensueño y evasión de los libros. Con esa excusa, y cada vez con mayores efectos, quienes están en el poder impulsan activamente la dicotomía artificial entre vida y lectura. Los regímenes populares exigen que olvidemos y, por consiguiente, estigmatizan los libros como lujo superfluo; los regímenes totalitarios quieren que no pensemos y, en consecuencia, prohíben y amenazan y censuran; ambos, en general, necesitan que nos hagamos estúpidos y que aceptemos nuestra degradación con docilidad, por lo que, lógicamente, alientan el consumo de cosas insustanciales. En situaciones como ésas, los lectores son inevitablemente subversivos. (42
A raíz de la fetua contra Salman Rushdie, al tenerse conocimiento público de que un autor había sido amenazado de muerte por escribir una novela, el locutor estadounidense John Innes tenía siempre un ejemplar de Los versos satánicos sobre la mesa mientras hacía alguno de sus comentarios televisivos sobre diferentes temas. Nunca mencionaba el libro, ni al ayatolá, pero la presencia de la novela a su lado indicaba la solidaridad de un lector con el destino del libro y de su autor. (311)
En 1660, Carlos II de Inglaterra, decretó que el Consejo para las Plantaciones Extranjeras debía instruir a los indígenas, sirvientes y esclavos de las colonias británicas en los preceptos del cristianismo. [...] Pero los británicos propietarios de esclavos no estaban convencidos. Les aterraba la idea de una "población negra que supiera leer y escribir" y que pudiera encontrar en los libros peligrosas ideas revolucionarias. [...] La oposición al decreto de Carlos II fue muy intensa en las colonias americanas y, más que en ningún sitio, en Carolina del Sur, donde un siglo después se promulgaron leyes muy estrictas prohibiendo que se enseñara a leer a los negros, tanto esclavos como hombres libres, leyes que permanecieron vigentes hasta mediados del siglo XIX.
Durante siglos, los esclavos aprendieron a leer superando extraordinarias dificultades, arriesgando la vida. (385-386)
Como lo han sabido siglos de dictadores, una multitud analfabeta es más fácil de gobernar; dado que el arte de leer no puede desaprenderse una vez que se ha adquirido, el segundo mejor recurso es limitar su amplitud. Por consiguiente, los libros, más que ninguna otra creación humana, han sido la perdición de las dictaduras. (389)
El 10 de mayo de 1933, en Berlín, mientras las cámaras filmaban, el ministro de propaganda Paul Joseph Goebbels, habló mientras se quemaban más de veinte mil libros, delante de una multitud jubilosa de más de cien mil personas: "Esta noche hacéis muy bien arrojando al fuego estas obscenidades del pasado". (390-391)
En 1976, los militares, dirigidos por el general Jorge Rafael Videla, dieron un golpe de Estado en Argentina. Lo que vino a continuación fue una ola de violaciones de los derechos humanos como nunca se había visto antes en el país. La excusa del ejército era que estaba en guerra contra terroristas; tal como lo definió el general Videla, "un terrorista no es sólo alguien con un arma de fuego o una bomba, sino una persona que disemina ideas contrarias a la civilización occidental y cristiana". (398)
Durante el régimen de Pol Pot y los "jmenes rojos" en Camboya, los que llevaban gafas eran asesinados porque se suponía que sabían leer y, por lo tanto, que tenían acceso a información que podía permitirles criticar al gobierno. (415)
He encontrado otro artículo en Nueva Línea. Por cierto, maravilloso Alberto Manguel. Me ha encantado la cita que alguien ha subido sobre el amor y la lectura, que "no se pueden recomendar".
Añado el artículo aparecido en 20 minutos aquí
Antonio...¡lo has presentado muy bien!
sí lo has presentado genial!!!
Pd. Mandarache power!!!!